Casi me disponía a embarcarme a la deriva entre los callejones de un pueblo que se negaba a encontrarme contigo, cuando de repente te vi; fue en ese instante en el que supe que ya estaba perdido completamente en tu silueta, mis pendones ceñidos de orgullo habían caído a tus pies, la poca voluntad que me quedaba se escapaba junto al calor de mis manos y el tiempo, una vez más, se negaba a hacerme su cómplice.En mi interior yo gritaba a mis sentidos que despertaran, pero ya era tarde, todos y cada uno de ellos habían caído bajo tus encantos y se negaban a responder a las ordenes desesperadas que daba la poca serenidad que me quedaba. Cuando el primero de mis pasos avanzo hacia tu encuentro, supe que ya era tarde para mantener la razón y me rendí ante lo inevitable: tu mirada.

Acabe perdido en unos ojos pintados de un marrón acuarela que me recibían con una mezcla de añoranza,orgullo o admiración(quien sabe si eran las tres juntas) una combinación no apta para los más sensibles de corazón y que pocos valientes se atreverían a beberse de golpe. Pero tu y yo sabemos que mas que valiente siempre fui un tonto sin remedio al que le gustaban los retos. Y a veces la diferencia entre ambos esta separada por una fina película de amor.
La tarde cerró con un caer de hojas que anunciaba el final del otoño y el principio del invierno, aunque nunca me quedo claro si se trataba de las estaciones o de nuestros sentimientos.