Los grilletes del corazón


Atado estoy por un tiempo que corre por los barrotes de mi alma, incansable y torturándome por cada minuto que pasa en el reloj de la vida. Observo fuera implorando suplicas que salen de mis ojos, ansiando liberarme de estas cadenas que me oprimen, haciendo que cada suspiro de mi ser se debilite con el paso impasible de los segundos.

En una mirada de auxilio pido ayuda al cielo, un cielo gris, el cual hace llover ceniza sobre mi cabeza que derrama lágrimas amargas sobre la tierra en mi interior que ya ha sido pisoteada mil veces por los zapatos del sufrimiento, intento sonreír alzando mi cabeza hacia el firmamento, pero lo único que exhalo es un grito ahogado que desemboca en tristeza y frustración.

Ante mi se dibuja un paisaje, hacia el que camino desesperanzado y sin fuerzas, aguantando los gritos de mi cabeza… me dicen que pare, que no veo el precipicio, pero ignorante de mi sigo caminando hacia ese triste final que parece no tener fin. Espero terminar y recorro millas enteras llorando lágrimas de azufre que prenden fuego dentro de mí.

Mis piernas arrastran mis cadenas, pero ya estoy cansado, no puedo más, mis piernas flojean, siento que voy a caer, cierro mis ojos despidiéndome de esta realidad que me atormenta y esperando por fin que al caer nadie me vuelva a levantar de la ceniza de mi alma.

Alguien me sostiene, me susurra que puedo seguir adelante, yo solo abro los ojos y tomo una decisión….

Continuará..... 

El cuentacuentos




La noche era fría, la plaza estaba alumbrada por la luz tenue de las farolas, y yo sentado en aquel banco donde tantas veces conquistamos las nubes con formas e ilusiones haciendo que nuestras mentes volaran mas allá de la frontera de la imaginación. Recuerdo que llegaba tarde, solía hacerlo, como le gustaba hacerme esperar y luego aparecer con esa sonrisa picara que me obliga a esbozar una felicidad inimaginable en mi cara impidiendo enfadarme con ella.

Se sentó y como siempre, se le había olvidado traer algo de ropa abrigada, no quedándome más remedio que dejarle mi vieja chaqueta, nunca se cansaba, si por ella hubiera sido creo que hasta se hubiera casado con esa prenda de cuero. Recuerdo que siempre miraba las estrellas, esperando que le contara las razones por la que el mundo es así, además sabia que a mi me encantaba inventar esas mil historias solo para ella.

Pero esa vez no me di cuenta que ella estaba esperando a que empezara a relatar, y la miraba fijamente intentando descifrar porque tenía esa inmensa belleza. De repente bajó su cabeza y me miro fijamente, a lo que yo dije:

“Si alguna vez no te he dicho la razón de porque tienes esos ojitos tan bellos, ahora mismo te lo digo. ¿Sabes que cuando naciste, dos luceros se asomaron por las nubes a verte? pero los pobrecitos se cayeron, afortunada de ti que cayeron en tus ojos, y afortunado de mi que ahora puedo verlos”

Como siempre mostraba esa ilusión de niña, y esa sonrisilla que tanto me encantaba ver, sabía que no me iba a responder así que no me quedo más remedio que decirle:

“No importa cuánto tiempo demores en darme una respuesta, aunque no lo digas, sé que sientes lo mismo por mí, porque cada vez que te miro el verano, se dibuja en tus mejillas, y eso no lo puedes evitar”

Aquí estoy de nuevo en ese banco, mirando la misma mujer y la misma belleza que me sigue encantando, y siendo una estupidez, no puedo parar de sonreír.

“¿Sabes? Creía que exagerabas tus historias, pero como siempre, consigues que me las crea todas”




Y con un magistral beso puso punto y final a la historia de ese día. 

Saludos desde la prisión del alma


Sentirse torturado, ser leal y traidor de uno mismo a la vez, pensar que el cielo en un infierno se vuelve, que la pluma que dicta los sentimientos de un corazón solitario como el mio podría negarse a obedecer y ahora únicamente escribe en las paredes de mi alma esa palabra que ha sido maldita tanto como bendecida a lo largo de los tiempos: AMOR

Esta sensación, que poco a poco aumenta su dominio en mi ser cual orquesta que va en crescendo y cautiva a su público, me hace preguntarme como es posible que yo, el soberano de mi vida, el cual debería mantener las riendas de su cordura en buen lugar, haya podido ser hecho prisionero, de ese caballero apasionado dedicado en su causa a llevar hasta mi forma de pensar por los raíles de la locura; el camino que me obliga a escribir estas palabras y a su ves mi poca consciencia y razón luchan por no dejar salir.

Pero esta opresión que siente mi corazón ha de ser liberada, así que no me queda mas remedio que encerrarme en la prisión de mi alma, dejar que mi carcelero diga lo que tiene que decir… me lo susurra al oído, y por mucho que lo niego: estoy enamorado.


Mi más profundo ser pregunta el porqué…  a lo que únicamente puedo responder que no fui yo el que escogió conquistar, más bien fui encantado una chica, por la cual desplazaría el eje solar de la tierra con tal de verle una sonrisa de felicidad. Soy eso al fin y al cabo un cautivo que no desea ser libre pero que en el fondo de su ser lo que más ansia es que lo liberen de esta opresión